Si el día está radiante y florecen los tilos, vienen. Con los ombligos al aire. Si llueve, vienen. Y tomamos té con miel. Si hace calor calor, vamos a la terraza, le ponemos hielo al café. Cada timbre es una sorpresa, ¿quién falta? ¿quién llega? Traen chipá, alfajores, poemas. Un taller también es esto: ensayar estar entre otrxs, conversar, traer noticias, contar qué leen, hablar de amor. Los viernes del taller de jóvenes se encienden mil fueguitos. Camila es una chispa que se prende en esa fogata. Tiene los ojos grandes y las palabras cortas. Una fórmula ideal para la escritura. Cuando le toca el turno de leer, fulmina. Camila combina precisión, sarcasmo y ternura. Un Salinger en miniatura. Cuando termina, nos rendimos ante ella. Y ella, con la vara altísima, dice que no. Lo suyo no es la autocomplacencia. Camila entendió lo principal para escribir: leer y observar. O quizás lo principal para escribir sea saber que las cosas no son blanco o negro. Y eso también lo sabe. Pero además, se anima a decirlo.
Marina Mariasch
Se me ocurren las cosas más brillantes y cuando las plasmo en la app de notas se pierden.
Esta es una recolección de los escritos en la sección de notas “escritos”.
- De chica odio mi pelo. Le juro a mi amiga Fini que cuando me baño se vuelve marrón. Se lo intento explicar a mi mamá: cuando hay que pararse para el himno llamo la atención, en una masa de iguales mi pelo rojo se separa. Mi mamá no me presta atención, ya te voy a grabar para cuando seas grande.
- Los viernes a la noche manejo por Libertador con la ventana baja. Soy una rockstar. Una rockstar consciente de que vive en Argentina, en cada semáforo subo rápido la ventana. Amo mi país y tengo miedo de viajar y enterarme de que hay un mejor lugar para vivir. O peor, que no lo hay.
- El sueño es un problema recurrente en mi vida que toma distintas dimensiones. Primero no puedo dormir cuando mis papás se van a cenar afuera. Lloro y les ruego que se queden. Se van igual. Mi mamá me dice: vuelvo en dos capítulos de violeta y en uno de topa. Duermo con el teléfono fijo al lado y, por eso, muchos años después, aparte del mío, es el único número que me sé de memoria.
Prefiero las noches en las que sé que están todos en sus cuartos durmiendo. Así duermo tranquila. Por eso cuando mis papás se separan vuelvo a preocuparme. No me puedo enterar si mi papá llega o no a la noche. Me dura poco.
Me doy cuenta que es para mejor. Ahora me puedo pasar a la cama de mi mamá y ocupar su lugar. Todavía lo hago. La semana pasada fuimos con ella a ver una obra de teatro al cementerio de Chacarita. La obra era de miedo. A la noche antes de dormir tuve una regresión y cada vez que cerraba los ojos me imaginaba las escenas.
En quinto año me obsesiono con dormir bien. Me doy cuenta de que si duermo mal, la calidad de mis días baja. No quiero pasarla mal, entonces empiezo a hacer cambios. Veo un tik tok que explica que la luz del celular te sobreestimula. Dos horas antes de dormir, activo un filtro rojo que impide que alguna luz ultravioleta me despierte. O algo así. Una hora antes, dejo de usarlo.
A las diez estoy acostada, bañada y encremada. Me tomo mi té y leo un libro. Entre las diez y media y las once me duermo.
Me despierto con una alarma. Con un reloj alarma, no con el teléfono. Lo paseo por la casa mientras me preparo. Desayuno con el reloj-alarma. Me lavo los dientes, con el reloj-alarma. Lo despido en la puerta. Creo que esto no fue lo que se esperaron mis papás que iba a ser quinto año.
- Para ir al gimnasio paso por un restaurante que tiene olor a comida de club. En la puerta, hay un cartel con el especial del día. Un tipo de milanesa; napolitana, a caballo, simple; con un tipo de papas; puré, fritas, al horno.
- ayer soñé que bañaba a mi hija. a veces, cuando agarro una bolsa de agua caliente, hago que es mi bebé. le acaricio la funda de felpa y me imagino que es un body de Baby Cottons. cuando tomo cinco vasos de coca seguidos se me hincha tanto la panza que parezco embarazada. son mis hijos en forma de burbuja que vienen a saludar.
- De vez en cuando releo lo que escribo y digo: “too much”. A veces hablo en inglés para alivianar las cargas. El español es muy cercano, es engorroso y está cargado de todo lo triste y lo lindo que me pasó en la vida. En cambio el inglés es liso y vacío.
- Estoy pesimista últimamente. Me preocupa la adultez. No tengo ganas de trabajar. No quiero estudiar algo y después no ser la mejor. Aunque lo planee todo, las cuentas no me terminan cerrando. Mi mamá me dice que la vida no funciona así. Hay una canción de los Beatles que dice: la vida es lo que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes. Es de John Lennon, no de los Beatles. Igual lo tomo.
Pienso que la vida es:
- mirar a mi mamá sentada en la banqueta mientras ella cocina. decirle “querés que cocinemos” y no hacer nada.
- pasar un día entero con mis amigas. al sol y en el pasto. volver y estar cansada de hablar. mirar para atrás, ¿de qué hablé que me cansé tanto? hablar de temas pasajeros con mucha dedicación. dar opiniones muy detalladas y elaboradas de las zapatillas del novio de Feli.
- jugar a juegos de pileta como cuando tenías siete.
- un hombre que a las 11 de la mañana camina con una bolsita de jalapeños y un vino tinto.
- arrepentirse por no haberle preguntado a dónde va.
- el mar
- la carta de mi maestra Pat de 2do grado que todavía me hace llorar cuando la leo.
- tener un papá que aunque hace cosas mal puede llorar delante mío.
- tener una mamá que hace todas las cosas bien.
- querer que sea ella la mamá de mis hijos. ya saberlo desde los 10 años y pedirle que me escriba lo que sabe en un libro.



Gracias Cami por compartir tu escrito❤️ Sos espléndida. Muero por leer el próximo. Mi gran amiga… orgullosa de vos es poco. Te felicito!